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Nuestros interlocutores y su contexto (parte 1)

De Adrián Díaz y Martín Cociancih.

En nuestro artículo anterior, luego de haber compartido lo que entendemos por la acción pastoral de la Iglesia1 y lo que, en consecuencia, según la misma propuesta se define por pastoral de conjunto u orgánica; nos hemos vuelto a preguntar cuál era el lugar de la catequesis en nuestras propuestas pastorales y cuál su significatividad para los jóvenes y adolescentes de hoy. Para poder contestarnos esto, en el texto presente intentaremos contemplar a nuestros interlocutores, los jóvenes y adolescentes de hoy, desde su contexto actual, sus tránsitos y construcciones; buscando de este modo algunas pistas que nos ayuden a pensar posibles estrategias pastorales que nos permitan insertar una propuesta catequística válida.

 

La realidad que nos interpela

El contexto socio-histórico de una región, ciudad o barrio demarca y nos abre a determinadas posibilidades. Posibilidades con las que, como sujetos, interactuamos y desde las cuales vamos construyendo la vida configurándonos personalmente. El contexto actual en el que vivimos y en el que buscamos desplegarnos se encuentra, desde hace un tiempo, en estado de cambio epocal. El teólogo y sociológico argentino Marcelo González, lo describe como un estado de transicionalidad. ¿Qué significa esto?: “que las personas, los vínculos, la vida familiar, las instituciones y la organización de las sociedades, ya no encuentran la manera de permanecer, transmitirse y crecer. Se percibe que ya no se pueden seguir manteniendo estilos de vida, convicciones, modos de trabajar, maneras de organizar la convivencia y las decisiones políticas. Muchas cosas ‘no van más’, se les ha pasado el tiempo de su fecundidad. La incertidumbre de lo que desaparece es más potente que el atractivo de lo por venir2.”  Es decir, las normas, los valores y las instituciones tradicionales (Estado, Iglesia, Escuela, Familia, etc.) no están pudiendo ofrecer una respuesta de sentido vital, identidad y de pertenencia para todos. Tampoco nos es posible  saber en qué momento del proceso estamos: ¿en el inicio, en el medio, en la aurora de una nueva forma?

 

El sujeto joven en este contexto

La mayor tarea de las personas en la vida es la construcción del sí mismo. En alguna medida, no hay otra cosa que hagamos, en todo nuestro accionar y padecer. En cualquier tipo de relación y experiencia vamos definiendo quiénes somos, asumiendo (cuando se puede) o celebrando lo que vamos viviendo.
Si antes la adultez, por sus características de autonomía, era vista como el pináculo de la vida; hoy sostenemos que esta cumbre se ha corrido para dar su lugar a la juventud, transformándose ésta en el momento que todos quieren vivir y que nadie quiere dejar. Probado está que hoy se es joven más tempranamente. Cada vez a más pronta edad se es adolescente (fenómeno que tiene que ver con el consumo) y, cada vez se hace más esfuerzo por seguir siéndolo a edad más avanzada (o al menos parecerlo).
Entendemos que esto se da porque la juventud ya no es vista como un tiempo de moratoria, como lo era hasta mediados del siglo pasado. Sino que es una etapa valorada en sí misma. En donde la forma de vida de los jóvenes se ha impuesto y aún los adultos y los niños quieren imitarla.
La adultez se verá hoy como antes se la veía a la vejez: como una etapa que se desprende de la etapa anterior y que se vivirá según las victorias que se logren en la etapa que la antecede.
Es lógico entonces que se retrase la llegada a la adultez, puesto que los tránsitos para abordarla son cada vez más difíciles, pues se busca llegar a ella lo más “completo y seguro” posible. Es aquí donde se encuentra el desdibujo de la linealidad. En una realidad cada vez más exigente donde hace falta cada vez más competencias, los caminos se diversifican y los ensayos aumentan, dando como resultado un reajuste constante de la marcha, produciendo muchas contra marchas y abandonos que van generando fragmentación e incertidumbre pero también flexibilidad de la identidad, apertura y sincretismos como rasgos favorables en las construcciones de las personas y el encuentro entre ellas.

 

[1] Para esto hemos seguido a los autores Santiago Rodríguez Mancini y a Casiano Floristán.

[2] González, Marcelo. La vida y el cristianismo en un cambio de época en: Revista Vida Pastoral (236), pág. 4 – 12, Editorial San Pablo, Buenos Aires, 2004.