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La organicidad de la pastoral Juvenil (parte 3)

De Adrián Díaz y Martín Cociancih.

En nuestro número anterior subrayábamos la importancia que tiene la experiencia para los adolescentes y jóvenes actuales en su búsqueda de construcción de la propia identidad. Desde allí propusimos un objetivo, a En este artículo, retomamos algunas claves que venimos compartiendo en los anteriores números para proponer, a nuestro modo de entender, un objetivo posible para una pastoral que pretende acompañar los tránsitos en la configuración subjetiva de adolescentes y jóvenes.

En algunos números atrás, decíamos que las diversas acciones pastorales son la concreción de la acción evangelizadora de la Iglesia y que la pastoral de ambiente o de conjunto es la búsqueda de organización y planificación de esas distintas propuestas de la comunidad local. Si estas acciones están destinadas a adolescentes y jóvenes, las mismas deberían ser pensadas para sujetos que se encuentran transitando una etapa de la vida que es valiosa en sí misma -sin necesidad de que para ello se encuentre referenciada a la adultez-, en la que ensayan y tantean diversas opciones y posibilidades desde la incertidumbre en la que se encuentran, producto de un clima sociocultural atravesado por una crisis estructural en cuanto a lo institucional se refiere, y que, por eso mismo, permite la configuración de identidades juveniles abiertas, flexibles y plurales que adjudican un valor superlativo a la experiencia como posibilidad de construcción de sentidos propios.

Desde las notas características del sujeto y el contexto actual (entendido éste como tiempo de cambio epocal) en el que vivimos, creemos que…

el objetivo de una Pastoral juvenil es el acompañamiento de adolescentes y jóvenes en la configuración de su propia identidad, construyendo sentidos en torno a la experiencia de discipulado que ofrece el encuentro con la persona de Jesús de Nazaret, quienes al descubrirse salvados por la forma de vivir de su Maestro (junto con su Muerte y Resurrección) y enamorados de su proyecto, lo llevan a cabo actualizándolo en el contexto de hoy a través de relaciones fraternas en el seno de una comunidad, transformando de este modo el entorno a favor del hombre en su dignidad plena, haciendo presente en lo cotidiano la acción reinante de Dios en la vida de cada uno.  

Cuando en este objetivo que esbozamos hablamos de acompañamiento, creemos que es en fidelidad a las transiciones, tanteos y búsquedas -más o menos conscientes- (con la singularidad de ser ensayos flexibles, plurales, reversibles) que realizan los adolescentes y jóvenes en pos de su construcción identitaria. Dicho de otra manera, una pastoral juvenil que busca acompañar habilita a los adolescentes y jóvenes para que ellos expresen lo que vienen siendo; para que puedan “ser lo que son” en nuestros encuentros y grupos. Creemos que este acompañamiento (en los números siguientes veremos qué instancias pueden expresarlo) debe invitar a abrir nuevos horizontes de sentido de la propia existencia; de las propias experiencias vitales de los jóvenes para ponerlas en contacto con la persona, el proyecto y la memoria viva de Jesús de Nazaret y, desde esto, dejarse transformar por Él.